La Cantabria Celta.

Debido a las múltiples controversias vertidas respecto al
origen celta de los Cántabros, nos remitimos a la
opinión de ul ilustre cántabro, doctor en protohistoria
por la Sorbona y autor del Libro "Los Cantabros antes
de Roma" publicado por la Real Academia de la Historia,
Dr. Eduardo Peralta Labrador.

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Mapa de la Cantabria Antigua, según Peralta.

ORÍGENES DE LOS CÁNTABROS

Tras señalar los límites y las características del territorio de los
antiguos cántabros, típico pueblo montañés asentado en ambas
vertientes del sector central de la Cordillera Cantábrica,
hemos comprobado que desde el punto de visa lingüístico se
detectan en la formación de este pueblo la superposición
de diferentes capas indoeuropeas, algunas de ellas de remota antigüedad,
que desmienten el pretendido carácter pre-indoeuropeo
que muchos auto-res atribuyeron a este pueblo:
En el territorio del que surgió el pueblo cántabro existe una
gran abundancia de topónimos y de hidrónimos correspondientes
a gentes indoeuropeoparlantes de tipo arcaico (los "antiguo europeos")
llegados a la Península Ibérica desde el otro lado de los
Pirineos en algún momento del segundo milenio a.C.
Hacia el 1.000 a.C., según consideran los lingüistas,
llegó otra capa de gentes indoeuropeas relacionables con
las lenguas preceltas que conservaban la P inicial e intervocálica.
Por último, superponiéndose a estos substratos,
llegan a Cantabria en la Edad del Hierro gentes que hablaban
una lengua celta similar al celtíbero, como evidencian diferentes topónimos,
onomástica de las estelas e incluso algunas inscripciones en celta
(inscripción de luliobriga y tésera de Monte Cildá).
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Estela discoidea de Lombera, Los Corrales de Buelna
(foto: Peralta)

Desde el punto de vista arqueológico el territorio cántabro
muestra su vinculación a la cultura del Bronce Final atlántico,
que se desarrolló tanto en la vertiente cantábrica
como en el norte del Valle del Duero desde el siglo XII a.C.
hasta el 900-850 a.C. Hacia los siglos VIII-VII a.C.
llegan por el Valle del Ebro grupos incineradores de
los Campos de Urnas, como prueban los materiales de una
serie de castros del Hierro I (Pico de la Campana, Baraones,
Monasterio, etc.) y las cerámicas acanaladas y excisas de
algunas cuevas. Con la entrada de estas gentes,
emparentadas con las de los castros de Álava y las
de Cortes de Navarra, seguramente comienzan a
cristalizar los cántabros como formación étnica definida.
Posteriormente, en la segunda Edad del Hierro, Cantabria
aparece plenamente integrada en la Cultura del Duero
propia del mundo celtíbero, tanto en la fase Monte Bemorio
(siglos IV-III a.C.) como en la fase de celtiberización (siglos II-I a.C.).
Por otra parte, según ha quedado demostrado frente a ciertas teorías
académicas locales, las gentes de la vertiente costera de Cantabria
pertenecían a esa misma Cultura del Duero
(castros de Caravia, Cueto del Agua, Alto del Cueto,
Los Agudos, CastilNegro, necrópolis del Puyo, etc.).

De acuerdo a estas evidencias arqueológicas y lingüísticas,
y siguiendo la teoría de Martín Almagro-Gorbea sobre la formación
de los pueblos atlánticos peninsulares, los cántabros serían gentes
pertenecientes a un viejo substrato indoeuropeo precelta de la
Edad del Bronce (los "antiguo europeos") que conservó muchas
características de su arcaica cultura. Al final de la Edad del Bronce
y en la transición a la Edad del Hierro tuvo lugar un proceso de
etnogénesis entre estas gentes y otros indoeuropeos que llegaron
por el Valle del Ebro (¿preceltas tipo "lusitano" o celtas arcaicos?),
para terminar de perfilarse como pueblo en la segunda Edad del Hierro
con las aportaciones culturales y humanas de los celtas de la
Meseta y del Valle del Ebro (celtíberos).

Reproducido del libro Los Cantabros antes de Roma, con autorización del
autor. Dr. Eduardo Peralta Labrador.